¡Algo más que natación!
“Érase una vez un niño que tenía 4 años, tenía una apariencia seria y tímida a la vez. Un día su madre decidió apuntarlo a natación, ya sabéis a estas edades es mejor que el niño aprenda a nadar o por lo menos que tenga la suficiente autonomía en el agua como para no ahogarse.
El primer día, cuando vio tantos niños, tanta agua y tantos monitores…se asustó. El pánico se apoderó de él y empezó a llorar y a decir que quería irse a casa. La monitora hizo todo lo posible para que aquel niño se divirtiera y participara en los juegos, pero él se negaba, no decía ni una palabra y mostraba una gran desconfianza hacia la monitora y hacia sus compañeros.
Pasaron los días y el niño seguía sin mostrar interés por asistir al curso de natación, es más, al principio de cada clase le suplicaba a su madre una y otra vez que por favor no le llevara ese día a la piscina, pero la madre ponía todo su empeño para convencerle de que se lo iba a pasar bien y a conocer nuevos amigos.
El pequeño se pasaba toda la clase en silencio, la mayor parte del tiempo miraba hacia la puerta, con la esperanza de encontrar a su madre. Pronto dejó de llorar y empezaba a defenderse en el agua, pero a pesar de los esfuerzos de su monitora, no parecía divertirse ni congeniar con el resto de compañeros.
Al cabo, de unas semanas el niño aprendió a nadar y cada vez fue ganando más seguridad en si mismo. La monitora empezó a oírle la voz, pronto pasó de unas tímidas palabras a un alegre parloteo. Participaba en los juegos como uno más y empezó a formar parte del grupo. Aquel niño vergonzoso reía ahora a carcajadas. La mayor sorpresa fue un día que llegó una niña nueva que le tenía mucho miedo al agua, quizás más que él cuándo llegó, y él se acerco a hablar con ella, tratando de tranquilizarla y diciéndole que no pasaba nada y que muy pronto aprendería a nadar.
La monitora no pudo evitar emocionarse cuando los vio entrar de la mano al agua.”
A la piscina acuden muchos niños y niñas que se encuentran en esta misma situación. Hay que comprenderles ya que entran en un entorno nuevo, conocen a gente nueva y es por ello que al principio muestren cierta desconfianza y miedo. Pero hay que dejar que el niño/a aprenda a desenvolverse y a ser capaz superar nuevos retos, con ello ganará seguridad y perspicacia, que le serán útiles en su desarrollo personal.
Lo que me gustaría transmitir con esta anécdota, es que los niños/as aprenden no solo a desenvolverse en el medio acuático, lo cual resulta muy interesante a nivel motriz, sino que aprenden a superar sus miedos, a compartir, a formar parte de un grupo, aprenden normas de comportamiento e higiene, aprenden divirtiéndose.
Por todo ello, es muy recomendable que el niño/a acuda a una actividad programada desde edad temprana, es un entorno donde aprenderá valores que enriquecerán su vida.
Amparo Galindo
Monitora de Natación
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